Llegada de Hitomi

Notapor Sascha Lemoine » Mar Feb 01, 2011 9:15 pm

Mientras el pelirrojo estuvo tratando de impresionarle con su estupidez vestida de arrogancia, solo lo miró, en silencio, primero con una leve expresión de sorpresa que en fracciones de segundo paso a ser de extremo deleite, casi de excitación sexual mientras sonreía y amablemente, le dio la esponja.

-Claro, puedes hacerlo tu solito- contesto en tono fingidamente de disculpa mientras dando la espalda salía del baño dejando a su aprendiz solo por alrededor de dos minutos, tiempo en que pudo escucharse como leves ruidos de al parecer búsqueda en el armario, llenaban la silenciosa celda. Pero al regresar, lo hizo en extremo silencio y desde atrás, coloco separador metálico en ambas rodillas, cuestión de que no pudiera caminar solo.

-Bueno… esa es otra lección que tienes que aprender. Cuando tu amo este junto a ti, tienes un tiempo limitado para ducharte, cosa que no pasa si es el quien limpia tu cuerpo y tu tiempo se acabó.- Amable, incluso cariñoso, tomo suavemente los brazos ajenos y acomodándolos hacia atrás casi como sin querer, de repente le esposo y unió así, vía una lámina de metal, las muñecas con el separador antes de girarlo pegándolo a la pared para hacerle quedar de frente y sonriendo, esta vez no con cariño, sino con pura maldad y perversidad en sus ojos azules, le mostró una afiladísima pinza de corte que al parecer, había sacado del armario incrustado en la pared. El cual por supuesto, dejo nuevamente cerrado con llaves.

-No me apetece tu lengua, mejor tu trasero, pero es porque a esta hora cualquier hoyo bordeado de carne me llama la atención…- tomándole rápidamente del cuello empezó a apretar su laringe lento, pero tan fuerte que podía sentir en los dedos todo por dentro, impidiendo que aire circulara para que abriera la boca el irrespetuoso sometido, sin embargo él no era alguien de mucha paciencia y menos aun cuando esperaba divertirse con los gritos ajenos, por lo introdujo la pinza abierta sin importar que su filo hiriera, aunque no gravemente los labios ajenos y así, llegando a su lengua, corto una pequeña rebanada de sus papilas gustativas, solo de un lado, cuestión de que pudiera hablar, comer y dar uso normal a su lengua, pero que esta le doliera lo suficiente para que supiera que la próxima vez sería peor.

-Oh… mira, no quisiste nunca ver como seria tu lengua? Mira! Un pedazo de ella! Verdad que es muy interesante?- habló sacándole la pinza de la boca y poniendo ante sus ojos el pedazo de lengua que acababa de cortarle, sonriendo, excitado, casi enloquecido de placer, mientras dejaba de apretarle el cuello para que pudiera respirar.
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Notapor Hitomi » Mar Feb 01, 2011 11:58 pm

Tomó la esponja satisfecho y empezó a enjabonarse bien, rápidamente, ya que supondría que no tendría todo el día. Aún así, se quedó medio absorbido por la relajación del agua sobre su piel, por lo que no notó cuando volvió a entrar en el pequeño cuarto, quedándose completamente estático cuando notó que le ponía algo entre las rodillas.
De igual modo, no pudo ofrecer resistencia cuando le tomó los brazos, pues no pensaba que le iba a esposar.

-Demonios...-murmuró cuando le dio la vuelta y lo pegó contra la pared. Pero su voz se quedó ahogada súbitamente, al ver el intrumento que había traído consigo.
Levantó, como por instinto, los brazos, cuando sintió cómo apretaba su cuello, pero sólo consiguió hacerse un daño tremendo, al intentar jalar de las esposas, unidas por algo que no veía a sus piernas.
Se estaba quedando sin respiración por momentos, notaba como su rostro empezaba a arder y sólo podía pensar en no abrir la boca, pero no le duró mucho, ya que en pocos segundos notó cómo el filo agudo de la pinza le rajaba los labios, separándolos rápidamente, lanzando un gruñido de dolor. Y, justo después, uno que superaba endemoniadamente en intensidad al anterior.

-Aaah!!Joder!!!Maald...-cerró los ojos con fuerza, sintiendo una punzada lacerante en su boca, sin poder siquiera ser capaz de pronunciar más palabras.

Su respiración, nada más soltarle el cuello, empezó a ir rápidamente, sin darle apenas tiempo de tomar el suficiente aire como para dejar de notar que se ahogaba. Sin llegar a estabilizarla, abrió los ojos, mirándole con profundo odio
-Eres...-le costaba mucho hablar, por la sangre que inundaba su boca y ahora caía por su labio, por el dolor, por el intento de no rozar esa parte de su lengua con los dientes, como también por su agitada respiración- ah...eres...un hijo de...ah...puta...-y dicho eso le escupió una amalgama entre su saliva y la sangre que tenía en su boca.
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Notapor Sascha Lemoine » Mié Feb 02, 2011 11:42 am

Lo había logrado; el chico malo había gritado como se lo imaginaba, no le había defraudado y así, hizo crecer aún más su excitación. Excitación más destacada cuando sintió la sangre ajena en su propio rostro y como si fuera el tratamiento facial más caro o de mejor aroma, lo expandió por su piel con ojos cerrados, sonriendo deleitado. Acto que solo duro unos pocos segundos pues después, como si fuera otra persona y con la mayor de las normalidades, se acercó a la ducha y limpio dejándose el rostro sin rastro de sangre y con la toalla que usaría su sometido, la secó.

-Me gusta el olor de la sangre fresca. Mas si esa sangre es de un sometido que educo y sangra por mi causa… pero a alguien no le gustaría verme sucio de sangre y oliendo a otro que no es el… así que mejor limito mis placeres a unos pocos segundos.- Explicó en tono tan calmado y amigable como siempre mientras se quitaba el abrigo antes de tomar el 9 colas de su cadera –tendría que sacarte una pieza dental me parece… pero te podría dar infección y luego enfermarías así que eso no puede ser… mmm… veamos… el calabozo? No me gustaría que alteraras el sueño de tus demás compañeros porque luego podrían desquitarse… pero igual, tenemos mucho tiempo.- sonrió.

Estuvo alrededor de 5 minutos solo paseándose en el pequeño espacio, recorriendo con mirada pérfida el cuerpo ajeno mientras jugueteaba con el látigo en sus manos, hasta que de repente se detuvo con la mirada fija en el piercing que adornaba uno de los pezones del “chico malo” el cual suavemente extendió una mano y empezó a acariciar –si lo halo… sangrara mucho? Quiero ver toda tu piel cubierta de rojo… como tu pelo. Sabías que me encanta el color rojo? Ve hasta la ducha, saltando… quiero ver como se mueve tu pelo y tus genitales mientras lo haces- sonrió maldito y pervertido –si desobedeces, arrancar con mis dientes ese adorno en tu pezón y si no sangra como quiero que sangre, masticare tu piel hasta que lo haga- dicho esto, se recostó en la pared esperando respuesta por parte de su aprendiz, tranquilo, calmado, como si el tiempo se hubiera detenido exclusivamente para ellos dos.
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Notapor Hitomi » Mié Feb 02, 2011 5:05 pm

No se imaginaba esa reacción. Se quedó de piedra, observándole con los ojos muy abiertos, con la respiración ya vuelta a su ritmo normal. ¿Qué es lo que hacía?, ¿qué demonios hacía? Era un perturbado, ya no podía negar eso. La gente odiaba que le escupieran, lo sentía como algo abochornante. Pero ahí estaba ese hombre, extendiendo la sangre por su rostro. Era increíble. Incluso, aunque odiara admitirlo, esa acción le había gustado, excitado.

Ladeó el rostro hacia un lado, no queriendo seguir viéndole, para que su excitación no se notara.
En la misma posición, le escuchó atentamente, sin llegar a aceptar su explicación. Entrecerró los ojos cuando le escuchó a hablar de dientes y calabozos, pero medio sonrió al ver que no lo iba a hacer, al menos, por ahora.

Le miraba de reojo, mientras paseaba por la habitación. Seguro estaba buscando en su cabeza algún buen castigo que darle. Bueno, pues ya vería como no iba a ser tan manso como para colaborar.
Seguía pasando el tiempo. Podría haberse puesto a hablar de nuevo, pero aún le dolía mucho la lengua. Cada vez que tragaba notaba su sangre pasar por la garganta, caliente. Era otra causa para que su excitación aumentara, por lo que, de vez en cuando, cerraba los ojos, tranquilizándose así.

-Aah...-le miró nada más sentirle en su pezón, soltando un pequeño gemido, pero volviendo la expresión de su cara a odio en un sólo segundo.
Toda su piel cubierta de rojo...incluso él querría verse en ese estado, no entendía muy bien la razón. Pero paró sus pensamientos nada más escuchar su reto, riéndose a carcajadas- ¿Perdona? Pero...¿aún no sabes quien soy? No pienso ser tu animalito juguetón, no en ese sentido. Si quieres ver payasos, ve al circo, maldito perturbado.

Echó el pecho hacia delante, curvando su espalda para poder hacerlo, mostrándole mejor el pezón
-Adelante, arráncamelo. Hazlo ya -dijo mirándole serio, retándole con la mirada.

Si su vida había cambiado para siempre, si no iba a poder salir de ahí en mucho tiempo, más valía que aprendiera a disfrutar de su propio dolor.
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Notapor Sascha Lemoine » Mié Feb 02, 2011 7:41 pm

“No lo hace por retarme… le gusta el dolor”

Pensó entre complacido e incrédulo mientras repasaba su figura con mirada de animal hambriento, sonriendo, después de oír tan tentador ofrecimiento. Estaba desde hacía un buen rato excitado, mas después de ese suave sonido escapado de los labios ajenos poco antes de que se recostara en la pared, por lo que despacio, solo para comprobar pues no podía creer haber descubierto semejante tesoro escondido debajo de tanta mierda y poniendo ambas manos sobre el pecho ajeno fue deslizando caricias hasta posar los dedos sobre ambos botoncitos de carne; tierna y sensible.

-No te lo arrancare. Si lo hiciera te quitaría una parte de la se erótica sensibilidad de tu cuerpo y eso no quiero… porque la idea no es que tu sientas placer, es que lo sienta yo y el dolor te gusta. El placer, chico malo… será un premio que te daré cuando lo ganes, no antes. Al menos no en la cantidad que lo pides…- pero a medida hablaba, iba apretando cada vez más la carne de los pezones ajenos entre sus dedos, incluso el que tenía el arito, siendo consciente del dolor que causaría, pero aparte de darle placer la idea del dolor, también quería comprobar si verdaderamente aquella situación le era tan placentera como a el mismo le resultaba y clavando las uñas en la base de ambos pezones pero cuidando de no desgarrar la carne donde llevaba su aprendiz la joya –Hitomi… quiero que saltes y no voy a repetir la orden otra vez…

Sin embargo el mismo no esperó a que siquiera intentara cumplir la orden y acercando los labios al pezón sin adorno, empezó suaves caricias, apenas roces con sus labios antes de lamerlo solo con la puntita de su lengua, rodeándolo, a lo que siguieron leves mordisqueos a los que no dio fuerza ni brusquedad, ni siquiera cuando empezó a succionarlo, sin embargo al otro pezón lo apretaba, cada vez más, clavando por momentos las uñas en la piel, apresando a veces la delicada piel contra el metal… adrede, para que sintiera dolor, aunque sin buscar al menos esta vez, hacerle daño. Cerrando los ojos, sintiendo como el olor de piel recién lavada y ese olor único que según el tenían los aprendices entraban por su nariz encendiendo aún más las ganas locas de poseerlo; con dolor, tan profundo hasta donde se pudiera y donde no se pudiera abrir su cuerpo más… hacerlo a su medida al menos por un rato, a la fuerza… mientras su aprendiz le insultara, tal vez entre gemidos de placer.
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Notapor Hitomi » Mié Feb 02, 2011 8:45 pm

Respiró hondo, volviendo a ponerse recto, como estaba antes de retarle. Siguió las manos con su mirada, receloso de lo que pudiera hacer con ellas, asustado de que se propusiera realizar su amenaza, nervioso -pero un nervio atractivo, emocionante- por lo que ocurriría a continuación.

Placer, chico malo, premio, ganar...¿pero en serio creía que se mostraría sumiso alguna vez? Antes muerto. No quería premios, no quería ganar, no quería nada. Aunque, si se ponía a pensar, ¿quería estar fuera, dónde no tenía nada? Pero, al menos, tenía libertad...

Un pequeño dolor, que iba aumentando, le dejó sin la concentración suficiente para seguir sus pensamientos, por lo que volvió a mirarle. Le apretaba cada vez más fuerte y, cuando le clavó las uñas, tuvo que morderse el labio, para no soltar un quejido; un quejido placentero, por supuesto.

Y, entonces, después de aquella repetida orden, se acercó a su pezón -el desnudo-, acariciándolo con los labios, mordisqueándolo. Seguía, por el contrario, apretando el otro, haciéndole daño.
Eso era el culmen, contra eso no podía competir. Entremezclarse el dolor y el placer era algo que lo llevaba bien lejos. Por un lado, los escalofríos al contacto de su propia piel con los labios del que se hacía llamar amo, por otro lado, el ardor que crecía y se extendía desde la base de su pendiente.

No podía evitarlo, aunque quisiera. Un nuevo gemido iba a salir de su boca, por lo que optó por morderse la lengua, sintiendo ésta palpitar de dolor al abrirse de nuevo la herida.
Pero la sangre no hacía que aminorara el deseo creciente. La abrió, lentamente, sintiendo de nuevo cómo goteaba finamente por su labio, mientras un pequeño gemido se escapaba de ellos.
-¿Quieres verme saltar encima tuya?-susurró, bajando la cabeza, para que le escuchara- ¿Es lo que quieres? ¿Penetrarme? No me importa...eso...te podría dejar hacérmelo...-agregó, echando nuevamente la cabeza hacia atrás, lamiéndose la sangre del labio.
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Notapor Sascha Lemoine » Jue Feb 10, 2011 12:01 pm

La calidez de esa piel, su sabor, el movimiento de toda ella contra sus labios cuando un placentero estremecimiento se apodero del cuerpo ajeno, dejándole sentir este cuando contra sus labios tembló… era demasiado erótico. Todo eso sumado al delicioso sonido que de la boca ajena escapaba le provocaba, le hacía desearlo, besar esa boca, morderla, poseerla con la suya, probar labio a labio la sangre que al levantar la mirada vio resbalar, fruto de las heridas que el mismo con la pinza había provocado. Ese chico, tal vez… quizás… era “una flor de su mismo tipo”.

“Como puede ser tan sucio?”

Pensó al mismo tiempo que en su interior reía. Se imaginaba un montón de escenas sexuales, sucias, puede que incluso enfermas con ese pelirrojo de protagonista; gritando, maldiciendo, gimiendo… sangre… corriendo entre sus piernas a pesar de no ser virgen, de sus pezones, pero sin arrancarle ese pendiente que tan poderosamente había llamado su atención, reteniéndola… pero las palabras que escucho de su aprendiz le arrancaron de golpe de aquellas fantasías, causándole una mezcla entre rabia y placer… pero también algo de desencanto que el mismo no pudo explicarse, aunque lo intentaba, mientras detenía lentamente sus acciones y se alejaba suavemente del cuerpo ajeno. Sin embargo, una bofetada con la fuerza suficiente para derribar el aparentemente delicado cuerpo que tenía en frente, estalló sobre la mejilla ajena.

-No me ofrezcas lo que puedo tener cuando me dé la gana. Eres una zorrita, pero se supone que no, así que no te portes como tal o tendrás de los clientes aún menos de lo que vales.- hablo serio aunque sin enojo mientras se apartaba totalmente y volvía a recostarse en la pared haciendo una pausa en su conversación que apenas duro un suspiro que soltó despacio –además, a mí no me permites nada; yo te permito respirar, hablar, vivir… quieres ver como no me “permites” nada?

No espero respuesta. Tampoco la quería realmente; solo se acercó y tomándolo por las caderas, como si hubiera sido un juguete sin peso se lo echó al hombro y así, sin importarle que mojara su ropa, lo saco de la tina y caminó con el hasta la salida de la celda, la cual después de abrir la puerta, cruzo.

-Que privilegiado… tomaras aire “fresco” antes que otros… es que acá no hay calefacción solo un poco el calor que sale de cada celda… pero dudo que lo sientas.- habló sonriendo con fingida simpatía mientras bajaba a su aprendiz en medio del frio corredor de las celdas, dejándole de pie allí antes de agregar –o… a lo mejor me equivoco, sí… seguro te dará mucho calor- dicho esto se giró y camino con paso firme, cuero erguido, masculino, en dirección a la celda que ocupaba el pelirrojo que recién había abandonado en el pasillo, perdiéndose poco después en el interior de esta.
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Notapor Hitomi » Jue Feb 10, 2011 4:35 pm

No pudo hacer nada por evitar esa segunda bofetada que le dio. Su cuerpo se desestabilizó un poco, pero guardó el porte, volteando a mirarle de nuevo, con rabia, con odio.

Todo eso, todo aquello, no estaba hecho para él. Era lo que se repetía una y otra vez mientras le escuchaba. Su pesadilla, en la que pensó que vivía desde su más tierna infancia, era ahora cuando realmente estaba presente, cuando empezaba. Si, a partir de ese momento era ese hombre el que iba a permitirle respirar, hablar, vivir...quizá prefería que no se lo permitiera. De hecho quería, deseaba, morirse ahí mismo, dejar de respirar y pasar a formar parte de la tierra. ¿Cómo había llegado hasta ahí? ¿Por qué? ¿Se merecía todo eso realmente?

No podía contestar, las palabras no le salían. De todas maneras no había esperado que le dejara responder, cargándolo y llevándoselo, quién sabe a dónde.
Se contorneaba, intentando liberarse de él, pero aprisionado como estaba eran bastante inútiles sus movimientos. Si pudiera matarle...aah...cómo le gustaría ser él el señor de todo y poder destruirle, machacarle.

No se había dado cuenta, enfrascado como estaba en sus pensamientos, de que le había dejado ya en el suelo. Miró anonadado como se giraba y le dejaba ahí, sin decirle nada...¿o le había dicho algo y no se había enterado demasiado bien?

-¡Tú!-gritó cuando vio que se alejaba- ¿A dónde demonios vas? ¡Vuelve aquí!¡Joder! -miraba a su alrededor, llevando luego la vista a lo más lejos que llegaba, por si le veía volver. La tensión le estaba alterando, asustando. ¿Qué iba a ocurrir? ¿Qué pasaba? -¡Vuelve!...¡Vuelve!-gritaba, cada vez más alto, notando como su piel se erizaba mientras seguía mirando en todas direcciones.
Un escalofrío le recorrió la espalda, notando como el miedo a lo desconocido iba haciendo mella en él.
Última edición por Hitomi el Jue Feb 10, 2011 4:36 pm, editado 1 vez en total
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Notapor Sascha Lemoine » Jue Feb 17, 2011 2:00 am

“Que dulce sonido”

Pensó sonriente mientras se adentraba de nuevo en la celda, oyendo como su rebelde aprendiz gritaba, desamparado, en aquel frio pasillo en penumbras. Se imaginaba como debía estarse sintiendo: solo, asustado ante lo desconocido, a la soledad, al sonido que colado por los agujeros que una vez hicieron de salida de cañones a veces parecían gemidos fantasmales. Al frio que aumentaba la sensación de estar abandonado en realidad era terrible, lo sabía… y por eso había decidido darle ese castigo que al mismo tiempo era una lección: ahora no importaba a nadie, más que a él, su amo. A quien tenía y debía respetar si no quería pasarla realmente mal.

-Veamos… donde esta?- habló para sí mismo abriendo y posteriormente rebuscando entre el armario empotrado en la pared en donde se guardaban los utensilios de rápido uso sobre los sumisos o aprendices. Estaba ansioso, excitado en extremo, deseoso… tanto que cuando al fin encontró lo que buscaba, sus manos acariciaron el cuero antes de llevárselo a la nariz y cerrando los ojos olio los objetos, fascinado con el aroma que años de uso tras uso se había impregnado en los utensilios, mezcla de sangre, sudor y esperma que allí había quedado como un sello personal de todos los que por allí habían pasado; en su piel lo habían probado. Olor, que le excitaba en demasía… al punto de no poder contenerse y sosteniendo contra su nariz la fuente de tan especial aroma, al mismo tiempo se llenaban sus oídos con los gritos del rebelde aprendiz desde hacia poco abandonado en el pasillo, su mano libre se paseara sobre su sexo, hinchado, húmedo, el cual empezó a acariciar por encima de la ropa, provocándose a sí mismo el tortuoso placer de detenerse antes de llegar al clímax. Guardaría su semen para dejarlo caer en una mejor ocasión... que estaba muy próxima.

“Llorará?”

Y una sonrisa cargada de malicia curvó sus labios mientras caminaba de regreso junto a su aprendiz abandonado sin importarle que este viera la terrible excitación que tantos pensamientos sucios con el pelirrojo abandonado le habían generado, mientras se acercaba a pasos que aunque no eran lentos, tampoco eran apresurados. Pasos que detuvo al llegar nuevamente frente a quien le esperaba y sin dejar de sonreír se deleitó mostrando detenidamente el grueso dildo, la correa que lo sujetaría en su lugar y el fino látigo de apariencia ligera y fácil manejo que había traído consigo al mismo tiempo que con voz entre gozosa y pervertida preguntaba a quien le miraba:

-Mira, te gustan? Los he elegido especialmente para ti.

Última edición por Sascha Lemoine el Vie Jun 03, 2011 6:39 pm, editado 1 vez en total
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Notapor Hitomi » Vie Feb 18, 2011 12:15 am

Por mucho que gritaba, por mucho que se desgañitaba diciéndole que volviera, no parecía que nadie le escuchara. Era como si estuviera sólo en ese lugar. ¿Y los que estaban ahí encerrados? ¿Por qué tampoco les escuchaba? ¿Estaban tan bien adaptados a su vida de animales que ni hacían ruído? Era inaudito, horrible.
Se quedó un rato callado, sintiendo el frío en su cuerpo. Cerró los ojos fuertemente, abriéndolos al cabo de los segundos, intentando despertarse de la pesadilla que vivía; pero no lo conseguía.

Le vio desde lejos, como venía, con ese porte como de caballero o de noble. Si lo pensaba apenas un instante, era un hombre atractivo...quizá si le hubiera conocido en otras circunstancias...
En cuanto llegó se dio cuenta que traía una serie de objetos, en los que se fijó detenidamente, mientras se los mostraba. Al escuchar su frase sintió una descarga eléctrica en su cuerpo. Era el odio, que empezaba a recorrer cada milímetro de su piel. Se había fijado en el bulto de su entrepierna, pero nisiquiera había querido pensar en lo que estaría pensando esa mente sucia...hasta que vio las cosas. Odio; tanto odio que sentía deseos de llorar. Deseos que, por supuesto, se tragaría.

Se encogió de hombros, bajando las comisuras de la boca, mientras le miraba distraídamente
-Psa...no es que me gusten mucho...Yo habría elegido especialmente para mí pues...mi ropa, mi libertad...-iba creando una pequeña sonrisa a medida que hablaba-Aah...quizá me quedaría con ese látigo, para azotarte, para humillarte, para desangrarte...-dijo llenándose la boca de todo su asco. Volvió a encogerse de hombros-Pero vamos...que no me concederás el cambio, ¿no?

Ladeó la cabeza, escupiendo al suelo y mirándole a los ojos justo después:
-¿Qué? ¿Empezamos con el juego? -soltó una pequeña carcajada, fingida, por supuesto.
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