Llegada de Hitomi

Llegada de Hitomi

Notapor Sascha Lemoine » Dom Ene 30, 2011 9:12 pm

Después del largo viaje desde el otro lado del mundo hasta su villa, lo único que había hecho era dormir, pues durante los días que estuvo fuera durmió poco y mal. Podría pensarse que por las tantas distracciones; traseros de diferentes colores, formas y tamaños, la variedad de drogas ofrecidas estilo buffet … sin embargo la causa real de aquel cansancio era que no podía dormir en una cama que no fuera la suya… menos en ese tipo de lugares. Un pequeño costo a pagar por unos días de puro placer sin limitaciones sin la preocupación de ser el anfitrión… o al menos eso creía Sascha, quien en plena madrugada después de haber dormido casi dos días completos despertaba, dándose cuenta, para su satisfacción, que volvía a ser el mismo joven vigoroso de siempre mientras se levantaba de la cama sin una pizca de sueño o cansancio.

“Veamos… que novedades hay?”

Pensó, a la vez su cuerpo desnudo se movía por el amplio dormitorio en penumbras, rumbo a la mesa donde al llegar a esta, tomo en manos un expediente que no solo por lo nuevo que era, sino por lo voluminoso, llamó poderosamente su atención; un usado, como se les decía a los que se vendían sin ser vírgenes, había llegado a su villa y a juzgar por las anotaciones, no era un “buen chico”.

-Oh chico malo… me encantan los chicos malos…- dijo con una amplia sonrisa antes de soltar el expediente sobre la mesa y tomando una toalla, se dirigió al baño.

Pocos minutos después se encontraba desabotonándose el abrigo, largo hasta las rodillas y negro como toda su vestimenta, antes de abrir la pesada puerta de metal en la celda de la nueva adquisición y con ojos inquisitivos repasó desde fuera el estado del lugar; alfombra, colchón… y cuando por fin entró, tras cerrar la puerta de nuevo miró por primera vez de frente a quien pocos minutos antes vio en fotos, que encadenado a la pared de cuello y muñecas, rodillas separadas y tobillos encadenados al suelo, completamente desnudo mantenía las nalgas sobre el colchón, pero sentado de forma tan provocativa, aunque seguro no era su intención, que la visión dejó al amo sin habla al mismo tiempo que sus ojos como si tuvieran dominio propio, se perdían entre las piernas ajenas.

“Cambiaré esa posición… seguro que a 4 patas se vería mucho mejor…”

Pensó, mientras sus labios se curvaban en una maliciosa sonrisa.
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Notapor Hitomi » Dom Ene 30, 2011 9:28 pm

No sabía cuanto tiempo llevaba en esa posición tortuosa y denigrante, pero era mucho, ya que cada músculo de su cuerpo le dolía al intentar mantener la compostura todo lo que podía.

Cuando le habían llevado a ese lugar, ni por asomo se imaginaba que iba a acabar en una celda, encadenado por completo, desnudo. Había intentado zafarse por todos los medios, pero lo único que había conseguido era hacerse más daño.
Toda la tarde pensando había acabado por producirle dolor de cabeza, por lo que su mente había empezado a divagar en extrañas fantasías que nada tenían que ver con su futuro o su pasado. Además, sabía que no iba a conseguir nada ni a llegar a ninguna resolucíon. ¿Le tratarían como esclavo? Lo más probable, a juzgar por el lugar donde estaba. ¿Terminarían por destruirle el orgullo que tan rabiosamente llevaba como capa? Jamás. ¿Le maltratarían? Si fuera así, pensaba, es porque se lo tendría merecido, eso era lo que tenía más claro.

Introducido como estaba en sus fantasías, no escuchó la celda abrirse. No fue hasta que sintió una presencia cuando giró la cabeza, contemplando al hombre que estaba delante suya.
"Capítulo uno: el comienzo", pensó.
Primero le pasó revista, mirándole de arriba a abajo, contemplando sus ropas, su cuerpo, subiendo de nuevo a su rostro y fijándose en cada uno de sus rasgos.

-Llega tarde...estaba ya cansado de esperar...casi decido irme -murmuró con media sonrisa en su rostro, bajando las cejas lentamente, confiriendo a su rostro una expresión de maldad.
Última edición por Hitomi el Dom Ene 30, 2011 9:35 pm, editado 1 vez en total
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Notapor Sascha Lemoine » Lun Ene 31, 2011 5:50 pm

Subiendo lentamente la mirada, recorriendo con ella cada rincón del cuerpo ajeno desde la entrepierna, muslos, deteniéndose un instante sobre el pezón perforado del chico, sus labios algo gruesos se fueron curvando en una sonrisa que a primera vista podía parecer de simpatía, pero al levantar la mirada y detenerla sobre los ojos ajenos dejo que la malignidad y depravación que habitaba en sus ojos borrara cualquier duda sobre su sonrisa mientras caminaba hasta quedar muy cerca del cuerpo de “la nueva mercancía”.

-Qué bonita lengua… seguro se verá muy bien en mi dormitorio cuando te la corte- sonrió ampliamente, mostrando una hilera de dientes como perlas blanquísimas perfectamente alineadas mientras se inclinaba sobre el cuerpo del sometido antes de que repentinamente el ruido de su mano contra la mejilla ajena resonara en el silencioso espacio –no me mires a los ojos salvo que yo te diga que debes hacerlo. No me malinterpretes, no pego por todo; solo por disciplina… y por placer. En este caso fue como recordatorio.- Dicho esto con la misma mano que le abofeteo acaricio la piel enrojecida por él, muy suavemente, casi con cariño y de la misma forma volvió a hablar:

-Hitomi… parece que no te han educado bien, estas muy… indisciplinado para ser un usado- su mano fue deslizándose despacio hacia abajo, de la mejilla golpeada hasta el cuello y de allí hasta el pezón perforado que tanto le había gustado y sobre la carne rugosa y rosada paseo en círculos, apenas rozando la sensible zona, uno de sus dedos alrededor del metal –es esto una marca de propiedad o un gusto tuyo?
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Notapor Hitomi » Lun Ene 31, 2011 7:18 pm

Siguió con su mirada clavada en el otro mientras andaba hacia él. ¿Cortarle la lengua? ¿eso había dicho? ¿Dónde demonios estaba? Pero no le dio tiempo a dar respuesta alguna cuando sintió el chasquido de la mano en su mejilla, haciendo que ladeara la cabeza.

-Gh...-apretó los dientes, volviendo a mirarle, retadoramente, dejándose tocar sin moverse ni un sólo milímetro, escuchando tan sólo. Y hablaba de disciplina. ¿Disciplinarle a él?En la vida, no se dejaría, no podía permitirlo.

Cuando pensó que había terminado, abrió la boca- No, desde luego que no me han educado. Pero sí lo suficiente como para saber que debo mirar a los ojos del que me habla, por respeto -dijo roncamente- En cuanto al pendiente...es gusto mío. Jamás seré propiedad de nadie, al menos, no con mi consentimiento.

Le había llamado usado y estaba a punto de responderle también a eso, pero decidió guardar silencio. A fin de cuentas, tenía muy claro que podía ser llamado así, ya que es lo que era.
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Notapor Sascha Lemoine » Lun Ene 31, 2011 8:09 pm

-Eso déjalo para tu madre. Aquí mantendrás la mirada baja ante todo amo que te hable, más aun si es tu maestro. Miras a los ojos de quien te habla cuando estas allá fuera, aquí dentro no eres una persona, eres una cosa y como tal, eres inferior. No debes mirar a los ojos salvo que se te pida… claro, tienes la libertad de desobedecer… así como yo tengo todo el derecho a castigarte por ello. Te diré, porque al parecer no sabes, cómo funcionan las cosas:

1-No mirarás jamás a los ojos de nadie salvo que se te pida. Si me miras a los ojos sin que yo te lo pida después de ahora, cuando ya te he dicho que no lo hagas, te sacare un ojo. Si lo repites, te saco el otro… a sangre fría.

2-Te dirigirás tanto a mí, como a cualquier otro amo como; amo, señor o como esta persona diga que le llames. A mi puedes llamarme amo o señor Sascha. Por cada palabra que me digas que yo considere irrespeto, como no llamarme de la forma apropiada o hacerme preguntas sin que yo te haya dado el permiso de hacerla, te sacare una pieza dental… sin anestesia.

3-Haras siempre lo que yo te diga. Si no lo haces te daré 100 latigazos por cada desobediencia y si me tocas sin mi permiso o intentas agredirme, te llevare al calabozo. El calabozo por si no sabes que es, es un lugar muy entretenido para los amos. Allí te puede usar cualquiera, cuando quiera y como quiera… a mí con los chicos muy rebeldes me gusta llevar perros a que le usen, si son muy mal hablados me gusta cepillarles los dientes con un cepillo con cerdas de metal… tú decides si quieres ser parte de ese grupito selecto de esclavos que solo sirven para hacer el trabajo sucio y ser usados por los verdugos después de haber pasado por el calabozo.

Todo lo dijo en la forma más amigable que pueda alguien imaginarse, casi como un maestro a un joven estudiante, con tono de voz respetuoso a pesar de las palabras que salían de su boca, pero ya sin reír. Pero poco después sonrió de nuevo, alejando la mano que en todo el tiempo que duró la conversación había acariciado la piel ajena y poco después, en tono casi cariñoso, agregó:

-Ahora puedes mirarme a los ojos y hacer cualquier pregunta. Te soltare… pero te advierto que si intentas algo estúpido te lamentaras para el resto de tu vida… que te aseguro será muy larga porque cuidare de ella muy bien para que puedas sentir bien tu castigo.- Dicho y hecho, tan pronto dejo de hablar busco las llaves en su cinturón, dejando ver un 9 colas antiguo, con puntas metalizadas, antes de empezar a abrir los cierres de metal que mantenían las manos ajenas juntas con el cuello.
Última edición por Sascha Lemoine el Mié Feb 02, 2011 7:56 am, editado 1 vez en total
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Notapor Hitomi » Lun Ene 31, 2011 8:34 pm

A medida que las palabras salían por esa boca, su cuerpo empezó a moverse al ritmo de su respiración, cada vez más pesada pero rápida. Todo aquello que decía no tenía sentido ninguno. A lo largo de su vida le habían maltratado y humillado una y otra vez, pero toda esa sarta de reglas le habían dejado casi sin habla.

Además, mirando su forma de acariciarle, así como el tono de su voz, que en nada tenía que ver con lo que estaba diciendo, le hacían parecer un completo perturbado o loco, al menos a su forma de ver, por lo que podía suponer que todo lo que estaba diciendo podría llevarlo a cabo.

La primera, ya de por sí, le parecía muy complicada. ¿No mirarle a los ojos? Pero sobretodo, ¿cómo que no era una persona? , ¿en qué sitio estaba con ese nivel tan alto de perversión? Amo...no veía de sus labios salir esa palabra. Y todo lo del calabozo...¿en serio podían hacerle eso? ¿podían tratarlo como basura?

Incluso cuando empezó a quitarle los grilletes, su respiración seguía igual de agitada. Había visto el látigo que llevaba, pero después de las barbaridades que le había dicho, era lo que le importaba menos.
Se quedó quieto, esperando que le soltara, acariciándose las muñecas justo después de haberlo hecho.

-Ahora puedo mirarte a los ojos...que alegría -contestó, burlesco, retándole con la mirada- ¿eres feliz así?, ¿haciendo daño a los que encierras aquí sin su consentimiento? ¿Tan superior te crees? ¿O es que te consideras una mierda y por eso has montado todo este espectáculo, para que la gente no tenga más obligación que respetarte e idolatrarte? Los que no son personas son la gente como tú, de tu calaña. Los únicos que tienen sentimientos aquí, serán los que estén encerrados en cárceles iguales que ésta. -dio una mirada rápida a su alrededor- Que bonito, ¿no? Una jaula hermosa. Si el pájaro no canta, ¿eres capaz de cortarle las alas? -Tragó saliva, intentando respirar más pausadamente; sentía que el corazón le iba a salir del pecho-Por ahora, he terminado las preguntas. -sonrió-Aunque supongo que no me las contestarás.

Ante lo último que le había advertido, tenía claro que no podría escapar de ahí, parecía un lugar muy bien servido como para poder salir triunfante, así se quedo igual de sentado como estaba antes, preparándose para cualquier cosa.
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Notapor Sascha Lemoine » Lun Ene 31, 2011 9:29 pm

Oyó con la mayor de las atenciones las palabras ajenas sin que estas le afectaran lo en lo mínimo. Mirando sus manos, sus movimientos… en realidad eran manos muy bonitas, pero las miraba por si el tiempo encadenado le habían hecho algún daño a las articulaciones como solía pasar a veces cuando los nuevos se revelaban contra los verdugos, pues estos le apretaban demasiado los cierres, sin embargo parecía que este no era el caso, lo que le dio cierta tranquilidad, pues a pesar de todo, no le gustaba que los recién llegados fueran maltratados sin dar motivo real, a pesar de que al parecer, al joven sometido frente suyo le parecía otra cosa… y con razón.

-Por supuesto que te contestare. Te dije que podías hacer preguntas, yo no miento y si no iba a contestarte, para que dejarte preguntar?- contesto en tono casual y hasta amigable mientras abría los cierres de los tobillos ajenos –en realidad este lugar existe porque hay clientes. No me considero una mierda, ni hago esto porque quiero que idolatren por sentirme superior, solo siento placer sometiendo. Sin embargo no me gusta causar dolores innecesarios, por muy contradictorio que te resulte. Pero descuida, aquí aprenderás que no soy tan enfermo como puedo parecerte… pero sabes? Hablando así el que parece una mierda enferma eres tú y encima estúpida. Como puedes intentar ofenderme después de lo que te advertí? Te aconsejo que no lo intentes con otro o puede que te vaya muy mal. No todos los amos dialogan con sus sometidos.

“Que lengua tan afilada… me agrada” pensó mientras tomaba por las muñecas e hincándose en el colchón se acercó al sometido hasta casi rozarle los labios con los suyos, sin embargo después de un breve instante en que sus ojos chocaron miradas, se dispuso a oler desde el pelo, cuello, pecho abdomen… y cuando faltaba muy poco para llegar a los genitales paro.

-Hora del baño pelirrojo. Acá no acepto falta de agua y jabón- sin esperar respuesta, como si de una muñeca se tratara le levanto del colchón y halo hacia el suelo, haciéndolo quedar de pie, sin embargo aquel acto estuvo por completo carente de brusquedad, más bien parecía un juego.
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Notapor Hitomi » Lun Ene 31, 2011 10:02 pm

Le escuchó con atención, mientras veía cómo le abría los cierres de las esposas que estaban en sus tobillos. Fijaba su mirada sobretodo en sus manos y en su rostro, intentando adivinar cómo pensaba ese hombre, si era cierto todo lo que decía o no.

Le hubiera gustado volverle a replicar, pero ese acercamiento que le pilló desprevenido hizo que se quedara callado. Posó su mirada un instante en sus labios, carnosos y apetecibles, para luego subirla hacia sus ojos y volver a fruncir el ceño. Cuando vio lo que hacía a continuación se quedó extrañado, ¿de verdad le estaba oliendo? Cortó su respiración a medida que su captor bajaba por su cuerpo, olfateándole. Casi parecía él el perro, y eso le hizo soltar una pequeña risa, encubierta por sus labios.

-Seré un usado...pero soy muy limpio...-murmuró cuando le hizo levantarse. No quería obedecerle, pero tenía la necesidad de sentir el agua recorrer su cuerpo, así que fue directo a la tina y abrió el grifo, quedándose debajo de la ducha, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás, mientras con sus manos movía su pelo para que se empapara de agua.

Miró a su alrededor pero no vio jabón, así que supuso que se lo ofrecería ahora, por lo que siguió recibiendo el frío agua, con los ojos cerrados de nuevo.

- Placer sometiendo a los que no quieren ser sometidos...que moralidad más linda -comentó, sin mirarle- Perdona, no me has dicho que tenía que dejar de hablar, ¿no? ¿Aprender que no eres tan enfermo como me pareces? Eso es el síndrome de Estocolmo...Sentir cariño o pensar que entiendes mejor a tu capturador...-rió levemente, peinándose aún el cabello con las manos-Y sí, soy una mierda, probablemente. Y casi seguro que también estúpido. ¿Te compadecerás de mí por eso? -añadió, burlonamente.

Estaba claro que no sabía aún donde se metía, o no sentía el miedo que debía de sentir en ese mismo momento. Pero su lengua siempre había ido por delante de su cabeza, y así había acabado.
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Notapor Sascha Lemoine » Mar Feb 01, 2011 11:11 am

Por supuesto, como se lo esperaba; el chico malo no esperó a ser conducido al baño sino que adelanto el paso ágil y atrevido él solo a su destino, regalándole al amo el placer de ver el suave y erótico movimiento de sus glúteos al caminar; firmes, de forma, piel y dimensiones perfectas. Tan entretenido estuvo recorriendo con la mirada su cuerpo que tardó en tomar la toalla, la esponja vegetal y gel del disimulado armario empotrado en la pared, que solo después de que el sometido desapareció tras la entrada al pequeño baño fue que tomo lo que necesitaba. Sin embargo ver esos muslos de apariencia suave y sedosa le hizo tomar además una botellita de aceite corporal del mismo olor que el gel de ducha tomado antes: lavanda.

Con los utensilios en las manos y sin ninguna prisa, llegó al pequeño cuarto de dimensiones justas para ellos dos sin contar la tina y poniendo los objetos en los ganchos en los que solía ponerse las cadenas de los esclavos, vio como el agua lamia la piel de ese cuerpo, tan fina, de apariencia tan delicada y sensible. Mas en sus pezones; rosados, apetecibles… devorables.

-Por mí no tienes que sentir nada solo respeto o miedo… incluso odio. Lo que quieras está bien. Por lo único que debes preocuparte es de no perder ninguna parte de tu cuerpo y eso no pasara si obedeces las reglas que te dije. –Habló interrumpiendo sus propios pensamientos, que por lo lascivo de estos, creyó era lo mejor si no quería terminar penetrando esa piel tersa y húmeda con su sexo, el cual ya podía sentir algo endurecido, aunque disimulado por sus ropas oscuras –y no soy tu captor, te compré a este y solo me aseguro de no perder dinero, nada más.- Y se hizo el silencio, roto solo por el agua al caer, pero interrumpido poco después y por un breve tiempo cuando el amo metió bajo el agua la esponja, rozando sin querer uno de los pezones ajenos… o tal vez adrede? Su mirada decía que era lo primero cuando se fijó en la piel recién tocada al descuido antes de desviarla casi al instante y empezar a echar gel en el objeto precedentemente de empezar a frotar con el la piel desnuda del que era a partir de ese momento su aprendiz.

-Veo que estas aprendiendo muy rápidamente… efectivamente no te he pedido hacer silencio. No me molesta que hables, además de darme más oportunidad de castigarte si llegaras a decir algo que considere ofensa… así que continua, di lo que quieras. También entiendo que después de estar prácticamente dos días sin hablar con alguien estés tenso y necesites ejercitar tus cuerdas vocales… en eso te pienso ayudar más tarde, así que está bien que vayas practicando.- Todo lo dijo en el tono y volumen típicos de un buen maestro enseñándole a su estudiante mientras resbalaba la esponja por la anatomía ajena, sin mostrar en realidad ninguna intención sexual, sin embargo a medida pasaban los minutos sentía como crecía en su interior las ganas por poseerlo, de ver esos glúteos resbalarse en descenso sobre su sexo, penetrándose… de oír el sonido de pieles húmedas rozándose, el de cada golpeteo que contra ese cuerpo diera su pelvis al embestirlo… profundo y sin consideración.
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Notapor Hitomi » Mar Feb 01, 2011 5:41 pm

Le escuchaba mientras seguía sin mirarle. AL final quizá hasta se le iba a hacer fácil esa regla; no le apetecía mirarle a la cara.

-Es evidente que no voy a sentir ningún respeto por alguien que me trata como a una basura, porque eso es lo que soy según tú. ¿miedo? No...para nada...-se quedó enfrascado en sus pensamientos, intentando adivinar qué era lo que podía llegar a sentir hacia esa persona, cuando la esponja le rezó. Apenas se inmutó; sólo siguió con la vista sus manos, quedándose algo perplejo al ver que empezaba a frotarle con la esponja.

Y justo luego se ponía a decir esa sarta de tonterías, ¿cómo que aprendía rápido? No aprendía rápido, no estaba aprendiendo. ¿es que ese hombre no se alteraba o qué pasaba?
-¿Perdona? -murmuró, aún anonadado. Le estaba empezando a caer peor todavía, si cabía. No se había encontrado con tipos como aquel. Generalmente, a una palabra fea ya le habían soltado una paliza, por lo que, que el otro debatiera lo que decía, le dejaba bastante expuesto a su propia ira, y eso no le gustaba nada.

Le gustaba cuando ganaba las batallas orales, le gustaba cuando los otros no tenían más remedio que soltar la mano por no poder controlarse. Rió, quizá de si mismo
– Mira...hablaré cuando quiera hablar, mientras no haya algo que me lo impida...lo que no eres tú, por supuesto. Atento... -empezó a mover la lengua provocativamente, lamiéndose todo el labio inferior, con lentitud- ¿Ves? Mientras exista la lengua, mi voz existirá, si yo quiero. Y si me la cortas...pues allá tú...-sonrió perversamente- porque apuesto que te gustaría probarla...
Se había pasado, probablemente, pero como el otro parecía no ofenderse con nada, no se dio cuenta siquiera.

Se echó hacia un lado, gruñendo molesto
-Y sé lavarme yo solito, gracias -murmuró poniendo la mano en frente suya para que le diera la esponja.
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