Lealtad

Clientes, Amos y sumisos con su Amo.

Lealtad

Notapor Sascha Lemoine » Dom Nov 21, 2010 11:16 pm

Pasando por los pasillos de regreso a su dormitorio, veía de vez en cuando la luz dorada rojiza del sol colándose por los pequeños huecos en la pared hechos en otro tiempo, para sacar los cañones en tiempo de guerra. Era realmente bello como se veía a esas horas el castillo; todo dorado, como si estuviera bañado en oro. Fue entonces que detuvo sus pasos y halando de repente, pero sin brusquedad a su esclavo, lo coloco delante de uno de los rayos de sol y en tono bajo, muy suave, con la mirada fija en los hermosos ojos ajenos que como joyas brillantes relucían bajo la luz, le habló.

-A pesar de que ya para mí no eres la novedad y se supone que al ser mío no tendría por qué sentir el hechizo que todos sentimos cuando vemos a los ojos por primera vez a nuestro esclavo… yo cada día que pasa más hechizado por ti me siento.- Llevó una de sus manos al rostro ajeno y con mucha suavidad le acaricio una mejilla –eres precioso, bello. Tus ojos parecen dos luceros y tu boca una fruta fresca, joven… pero con el sabor tan dulce como el de una fruta madura. Pero no es solo eso. No es solo esa belleza que tienes que tanto me gusta. No, a mí me enloquece tu personalidad, la forma en que te sabes entregar, tu voz, tu piel… pero no como se ve, si no como se calienta cuando la toco… - suspiro y bajo la mirada al suelo un instante antes de agregar –como sintiéndome así crees que iba a cambiarte? Que hice para que creyeras que alguien que no conozco siquiera iba a hacer que te dejara?

Dicho esto hizo silencio mientras miraba fijamente a los ojos ajenos no con reproche, pero si queriendo realmente saber si en algo había fallado. Él no tenía que rendirle cuentas a nadie y mucho menos a Shin. Pero ese joven de apariencia infantil era, en su opinión, uno de los tesoros más grandes que poseía y no quería por nada del mundo, que este no se sintiera seguro a su lado; quería ser quien le diera todo lo que sabía, el chico había perdido y más.

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Notapor Shin Otsuka » Lun Nov 22, 2010 5:05 am

El joven sumiso seguía de cerca de su señor con pasos lentos.Lo que había visto hace unos momentos atrás aun le daba vueltas en la cabeza inconscientemente,haciendose daño a si mismo, intentaba no hacerlo, de respirar hondo y mantenerse firme, pero era difícil teniendo el dolor tan cerca.

De pronto su cuerpo fue transportado con gentileza hacia un rayo de sol, tomándolo por sorpresa, haciendo que levantara la vista cabizbaja en silencio. Exponiéndose a aquellos misteriosos ojos azules que con tan solo una mirada hacían derretir al joven, aquellos que siempre querían saber más, indagar más profundo mientras que en los de Shin solo se apreciaba el dolor latente de su interior

Escucho las palabras de su amo, las cuales poco a poco le fueron sorprendiendo dejando sus rosados labios entreabiertos.Parpadeo un par de veces, incrédul.Hechizarlo?, él? eso era cierto?

Yo…no sabia que usted se sentía así-murmuro el joven con su suave pero ahora triste tono de voz..Se quedo callado unos instantes para ordenar sus palabras, luego con algo de duda, acerco su mano izquierda a la mano ajena que descansaba en su mejilla, tomándola con suavidad como si quisiera retenerla.-Últimamente..No he hecho las cosas bien, no he podido complacerle…y eso me ha tenido mal estos días.-hizo una pequeña pausa-y al verle con ese chico, con ese atractivo chico...-puso énfasis en la ultima palabra- fue como un puñal certero en el pecho… sentí mucho dolor, muchos celos pero también…sentí mucho miedo de perderle…de perder a la única persona que me ha querido…

En ese momento, mientras le decía todo a su Seño entre pausas pequeñas, se sentía tan pequeño, tan débil e indefenso, pero se mantuvo firme ante aquellos ojos que ahora le interrogaban.
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Notapor Sascha Lemoine » Jue Nov 25, 2010 2:20 am

-Shin… mi ángel…- susurró en tono suave, cariñoso. Casi como si fuera un arrullo a un bebe mientras acercaba el rostro cada vez más al ajeno y con la mano libre, empezó a acariciar los plateados mechones de cabello que llegaban hasta el pecho de su esclavo –mi bello ángel, tu sola presencia a mi alrededor me complace, saber cuándo estoy lejos que tú me esperas, que no permitirás que nadie más te toque, que el Larimar* que tienes por ojos solo se fija en mi… con eso me siento complacido.

La mano con la que acariciaba el sedoso y claro cabello del sometido se resbalo hasta el pecho de este en una caricia delicada sobre la nívea piel del cuello ajeno que asomaba por la túnica que cada esclavo o sumiso llevaba en el castillo hasta llegar al centro de su pecho, en medio de los dos pequeños botones que allí adornaban y deteniendo la caricia continuo hablando en tono cada vez más íntimo mientras sus labios quedaban tan cerca de los ajenos que los rozo al hablar.

-Yo no olvido mi promesa, esa que te hice cuando tan dulcemente te entregaste a mí. No olvido la confianza con que lo hiciste y las veces que has demostrado que aquello no fue fingido. Mi ángel, eres mío, y yo tuyo.

Como broche a las palabras dichas, sus labios se sellaron sobre los del joven esclavo en un beso que aunque deseoso, mantuvo amor y honestidad mientras sus ojos se cerraban. No había allí más que un hombre amando, entregando a corazón abierto todo lo que le fuera posible entregar a quien consideraba el único verdaderamente fiel.

“Soy fiel, soy leal a ti. A ti mi pequeño ángel que eres capaz de levantar en tus frágiles hombros mi ser cuando se siente perdido y vencido. Donde más encontraría la paz que tu alma pura de a la mía; intranquila, atormentada y corrompida? Nuestro lazo es más que amor, que al final es solo sexo. Nuestro lazo no es de poder y debilidad, es de lealtad, de sinceridad y nunca lo romperé.”
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*Piedra semipreciosa de color azul verdoso que solo se encuentra en República Dominicana.
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Notapor Shin Otsuka » Dom Nov 28, 2010 4:31 am

Shin siempre se había preguntado porque su señor se refería a él como su ángel, no era algo que le molestara, si no al contrario; cada vez que le llamaba de esa forma siempre le dedicaba ese tono de voz tan dulce, haciéndole sentir tan querido, tan especial..

“yo quiero ser siempre su ángel, mi señor…”

Al estar tan cerca, el joven sumiso podía sentir el calido aliento de su amo sobre su rostro mientras le hablaba, acompañado del aroma tan especial que su pecho desprendía haciendo que sus pálidas mejillas se colorearan rápidamente. Se quedaba en silencio, un tanto más sorprendido por sus palabras. -e-enserio? –susurro antes de apretar un poco más la mano ajena, sintiéndose un poco más alividado.La frustración que sentía junto al dolor de hace rato eran bastante grandes para el solo.

Nh…-Sus labios se encontraban unidos en un beso, Shin lentamente fue cerrando los ojos correspondiendo el beso en un sutil juego en el que de a momentos atrapaba su labio inferior con los suyos, intentando expresar sin palabras su cariño hacia él mientras que las ultimas últimas palabras dichas por su amo aun le daban vueltas en la cabeza una y otra vez; eran las mismas que había guardado con tanto recelo en su corazón hace ya mucho tiempo atrás.

“Usted…es mío, al igual que yo soy suyo”

Escucharlas nuevamente de sus propios labios, le hacia sentir una calida sensación en el pecho, era su corazón que ahora latía con mucho más fuerza que antes.-
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Notapor Sascha Lemoine » Dom Dic 05, 2010 2:54 am

“en serio?”

La respuesta de su esclavo a la confesión antes hecha le pareció extrañamente vacía. Entendía que tal vez su ángel con ese carácter de tan fácil avergonzarse no entendiera la magnitud de sus palabras… sin embargo le pareció que a pesar de todo, siendo que vivía en el castillo y bien sabia como trataban a sus esclavos o sumisos los demás amos, que no era para nada fácil que él, siendo el amo y dueño de ese lugar, abriera de esa manera su corazón haciéndole consciente de sus verdaderos sentimientos por él.

“Tu… será que en el fondo de ese corazón que creo blanco… en realidad habita la oscuridad, el frio y el vacío? Será… que a pesar de todo tu si guardas rencor por la forma en que tal vez he torcido tu destino? Mi ángel… no me perdonaras aunque junto a tu pecho este mi corazón, latiendo al unísono del tuyo?”

Mientras sus pensamientos de amarga y dolorosa duda le llenaban la cabeza casi hasta hacérsela reventar, su beso se hizo, sin proponérselo, violento y sin querer, mordió la legua de su esclavo hasta hacerle sangrar. Sangre que al notar su sabor, succiono y calmo en parte la culpa y sus dudas. Pero… solo en parte.
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Notapor Shin Otsuka » Lun Dic 06, 2010 3:08 am

Su corazón latía gustoso y con tanta fuerza el joven pensaba que su Señor era capaz de escucharlo; pero eso no le asustaba, de hecho quería que lo sintiera, que sintiera como se ponía con su sola presencia,por lo que se le acerco un poco más, apegándose un poco al cuerpo ajeno , a su calidez.le fue abrazando con cuidado. En su mente resonaba cada palabra, una y otra vez en susurros provenientes de una voz masculina y dulce al mismo tiempo. Todo aquello lo tenía flotando en una nube hasta que volvió a la realidad a causa de un punzante y repentino dolor en la boca haciendo que abriera levemente los ojos.

Nhh...

Se quejo un poco dentro del beso, a pesar de estar un tanto acostumbrado del gusto de sus señor por su sangre.Podia sentir como unos delgados hilos de esta serpenteaban, salvándose de la succión, corriendo rápidamente por la rosada cavidad del chico, impregnando con su metálico sabor todo lo que alcanzaba Shin se había quedado quieto, salvo por su lengua y sus labios que continuaban con el intimo encuentro.
Última edición por Shin Otsuka el Jue Dic 09, 2010 12:16 am, editado 2 veces en total
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Notapor Sascha Lemoine » Vie Dic 10, 2010 9:22 am

“Demasiado…”

Pensó mientras saboreaba la sangre de su sumiso en la boca. Ese sabor siempre le excitaba de más, desde la primera vez que lo probó y esta no era la excepción. El metálico sabor sumado al olor que desprendía el cuerpo de a quien llamaba su ángel, le tenían al borde de la locura, por lo que sin poderse contener por más tiempo, rompiendo con algo de brusquedad el beso, jadeante, con mirada en extremo lujuriosa se fijó en los ojos ajenos mientras de sus labios aun húmedos de una mezcla entre su saliva y la ajena, dejaban salir en susurros:
-Cuanto me gustas… no puedo quitarte las manos de encima… no puedo esperar a estar dentro…

No bien hubo pronunciado aquella frase con sobrada malicia, tomando de los delicados hombros a su esclavo, el mismo le giro y apretó de cara a la pared, sabiendo y por supuesto adrede, que las piedras maltratarían un poco la tierna y sensible piel de sus pezones… pero era demasiado erótico el sonido que sabía provocar esa boca y demasiadas eran sus ansias. Mientras mantenía pegada a la espalda ajena una de sus manos, la punta de su lengua fue paseándose desde la nuca a la espina dorsal y poco después clavo en su piel los dientes haciendo de nuevo pequeñas heridas mientras la otra mano acariciaba el vientre de su sometido rumbo a la entrepierna de este.

Pero estorbándole la túnica a pesar de ser tan delgada que transparentaba la delicada y perfecta piel de su ángel y la posición de este, interrumpió el trayecto de su mano sobre la piel ajena y aferrándose a la túnica que vestía su esclavo, la hizo pedazos que como plumas de ave cayeron sobre el suelo dejando el cuerpo de quien para él era mucho más que alguien a quien sometía, totalmente desnudo, ofrecido a calmar las ansias de amor y sexo que solo con su esclavo saciaba.

“Grita… excítame aún más”
Última edición por Sascha Lemoine el Sab Dic 11, 2010 7:52 am, editado 2 veces en total
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Notapor Shin Otsuka » Sab Dic 11, 2010 7:29 pm

Le aprisionaba los labios con deseo, disfrutando de la amalgama de sangre y saliva de aquel beso hasta que llego a su fin. Nunca antes le había interesado el sabor de la sangre, solo era curiosa para él pero con su amo le parecía diferente, especial…deliciosa.

S-señor…, usted me gusta mucho también.- le dijo dulcemente, relamiéndose los labios mientras le escuchaba, fijándose en sus ojos notando que además de estar fijos en él, estaban brillando de forma especial, ese brillo que Shin conocía bastante bien hasta que de pronto se encontró contra la fría y rocosa pared. tomándolo por sorpresa.

“Que frágil me siento…cuando mueve mi cuerpo con tanta facilidad, tan firme…”

Su rostro y su pecho se golpearon contra esta.se mantuvo ahí, soltando su respiración agitada sobre las rocas, pudiendo sentir que la lengua ajena dejaba a su paso un delgado y húmedo camino, hasta que sus dientes le hicieron jadear.

Hnn...Ah! –

Sus ojos claros ahora miraban hacia abajo, notando como la mano de su señor se paseaba por su piel hasta despojarlo de la única prenda que llevaba puesta, Un escalofrío invadió su cuerpo, sentía frió pero a su vez la calidez del cuerpo ajeno, mientras que sus manos temblaban aun apoyadas en el muro.

“Puede sentirlo ahora mí señor?.El calor que despide mi cuerpo, los latidos de mi corazón... Estos jadeos… son provocados por usted.”

El sol bajaba con lentitud, filtrándose por las ventanas, tiñiendo todo de calidos colores;las paredes, el suelo, los cuerpos que allí se encontraban, los calentanba,siendo a la vez el único testigo de lo que estaba sucediendo en el pasillo, a pasos del dormitorio principal.
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Notapor Sascha Lemoine » Dom Dic 12, 2010 7:51 am

Habiéndose librado del estorbo que suponía para él la túnica de su esclavo, viendo al fin por completo desnudo ese cuerpo frágil, suave y juvenil, aunque por completo maduro, sus ansias se volvieron incontenibles. Sabía que su ángel como le gustaba decirle, estaría muy estrecho, como siempre y que le dolería… pero como privarse del placer de empalarlo, de arrancarle gemidos entre dolor y placer, de ver el llanto gotear al suelo junto a los fluidos que se desprendieran de su sexo?

“Lo siento mi ángel… pero esto va a doler… “

Enderezando su espalda, llevó una de sus manos a las caderas ajenas y acercándola a su cuerpo propio cuerpo, mirando como las nalgas de su esclavo se separaban dejando libre la vista a la estreches que hacía de portal al interior del su cuerpo, se deleitó imaginándose lo que un instante después haría con en ese lugar mientras el tintineo de la hebilla de su cinturón al caer al suelo junto con sus pantalones servía de música de acompañamiento a sus pensamientos ; atravesarlo con su propia piel.

-Grita…

Susurro en el oído de su esclavo con sentimientos entre el deseo, la maldad y la lujuria llenándole el corazón antes a la vez que empujaba contra los suaves pliegues entre las nalgas de su esclavo, su sexo hinchado, caliente y húmedo por tanta excitación, encontrándose con el inconveniente de no poder entrar tan pronto como quería.

“Hoy… de ti no pudo compadecerme”

Y halando las caderas ajenas un poco más hacia sí mientras con una pierna obligaba a su esclavo a separar las suyas volvió a empujarse; más fuerte, con brusquedad, logrando esta vez penetrar ese cuerpo que tanto le provocaba hasta que sus testículos rozaron la piel ajena, arrancándole un jadeo de placer.

-Haa… Shin…

Susurró jadeante mientras trataba de contenerse, moviéndose suavemente hacia atrás y delante para que su esclavo se acostumbrara a tan brusca intrusión.
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Notapor Shin Otsuka » Lun Dic 13, 2010 10:56 pm

Su frágil y suave cuerpo semejante al de un niño temblaba (tanto por la excitación como por la desesperante espera) mientras que los trozos de delgada tela se escurrían rápidamente por su tersa piel, acariciándola a su paso.Tela que el joven sometido siguió con la mirada clara ,mojada hasta que llegaba al suelo como en si estuviera en trance; desconcertando al sentirse de repente apegado a la calidez del cuerpo de su amo haciéndolo dirigir la su vista hacia este por encima de su propio hombro mientras separaba un poco las piernas. Se sentía un poco nervioso al notar la suave piel de su amo y su erección contra su propio cuerpo, pero tratando de mantenerse tranquilo respiró profundamente más, cuando exhalaba, su amo ya se trataba de adentrar en su pequeño cuerpo haciendo que sus ojos se abrieran por completo.

AAH!-

Grito fuerte y claro desgarrando el silencio a la vez que sus manos se apretaban contra la roca y sus talones dejaban de tocar el suelo mientras sentía como la entrada a su intimidad se forzaba para dejar a su amo entrar. Intento calmarse, respirando profundamente, esperando con ansias casi con desesperación, que aquel punzante dolor en su cuerpo desapareciera o al menos aminorara. Pero el dolor no pasaba y sus ojos se llenaban de lágrimas que lentamente comenzaron a resbalar por sus ahora sonrojadas mejillas.

“que pase…que el dolor se vaya mi señor...por favor”

Aahh!-Shin levanto un poco la cabeza mirando hacia el techo suplicante dejando escapar otro grito de sus labios entreabiertos, cumpliendo la orden que le fue dada, quedándose en la misma posición por un momento, hasta que su cuerpo por fin parecía acostumbrarse.

“Lo peor ya ha pasado”

Se decía a si mismo mientras intentaba regular su agitada respiración que ahora se dirigía nuevamente hacia la pared mientras sus labios temblorosos permanecían abiertos y sus talones volvían lenta y suavemente al suelo.

“esa voz…”

Pensó al escuchar esa voz varonil y excitada pronunciar su nombre, haciendo que su miembro comenzara a despertar y al mismo tiempo empezara un lento vaivén de sus caderas estrechas, junto a la pelvis de su señor. Indicándole en el lenguaje que solo los cuerpos saben hablar, que aquello ya no dolía más; ahora se convertía en excitante y placentero.
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